Que hermosa, que sublime, tengo en cuenta la capacidad humana sobre cualquier aptitud divina.
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Ya no puedo esperarte... En ocasiones cierro los ojos para visualizarte en la neblina de mis pensamientos; me cuesta guardar recuerdos, pero eres de los que se mantienen presentes, intactos, generando humedad y moho. Te busco para confrontar mi existencia y esperar si uno de estos días me doy el asco suficiente para moverme tan lejos de ti, ya sea a unos nuevos rayos de sol o en la profundidad del suelo. Mientras camino en el mundo, me esperas en cada esquina, mencionando cada cosa que no he realizado, cada fracaso, promesa no cumplida, error, episodios de cólera, las personas que amo y he jalado a la basura de mi existencia. Deseo tanto devorarte, poder acceder a ti y alimentarme de tu carne viva, empezar por tu rostro y terminar con tus intestinos; así desaparecerías de este mundo inerte y regresarías a mí, al interior de donde no debiste salir. Voy a avanzar, te voy a dejar atrás... no voy a ir al mismo lugar, va a ser distinto. Te voy a olvidar, dejando atrás lo que amaste. Limpiar...
Es complicado adaptarse a una rutina, incluso cuando el tiempo pasa, es inevitable ser victima del fastidio, en el aspecto que separa a las personas de otras, existen quienes aman las rutinas y saben vivir con ellas, como quienes simplemente su idea o practica les causa una inmediata aversión. El gran problema de las rutinas en el "sano" juicio (dictado por la experiencia) de este autor, consiste en las ¡MALDITAS! (disculpo el desentona uso de esta palabra, pero como se menciono la experiencia me dicto con voz alta esa palabra en especial) primeras experiencias con la rutina, la razón por la que no podemos escuchar o pensar en hacerlas, se debe a las terribles experiencias que a su principio encadenaron la aversión al echo, lo mismo pasa con quienes las adoran, pero en diferente versión, las experiencias convierten en un estimulo dictado por las buenas ganancias, en ambos casos la primera impresión de una rutina fue la razón de su encanto o desencanto. Para desgracia d...
Contemple en mi vida varios momentos importantes, que por falta de interés provocaron en mi una necesidad de festejar de manera solitaria, aprendí que el valor que le damos a nuestras victorias no deben pesar por la importancia que le dan los demás, si no por el peso de nuestro propio interés, pero... olvide que mi personalidad no me permite o no se adecuo a la autocelebracion, y ahora me encuentro con una actitud apática ante un acontecimiento de "importancia" no permitiéndome sentir comodidad ante la celebración de ajenos. tengo miedo...
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