Otra vez.

Me encontre con la realidad de un llanto mudo, eras tu criatura hermosa y yo decidiendo ser ausente jamas te auxiliare, pero en mi sopresivamente  emana la piedad, la necesidad de ser noble, un roble firme que viva cubriendo tu piel de tus arranques de histeria, pero siempre observador ya que repetiriamos la misma historia; la historia del hombre noble, del rey de la vida y su joven ruiseñor, cuando lo mezquino supero a lo grande, cuando las incapacidad supero a el amor.

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