Ven.

Un día me  levante, dolia todo, el peso ajeno, el propio, el que jamás fue mio, el de las faltas. Asi regresó a tus brazos lobregos, sin ropa, con carne ardiente y piel sensible; esperando a cinceles escarlatas en mi cuerpo que se mantengan vivas el momento necesario, para que mañana no despierten las golondrinas y no vea a quien no es mi amante en brazos ajenos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El social

No acaba