Siempre regreso al fin...

Es como si nunca pudieran separarnos, regreso a ti, siempre regreso al fin...
¿Qué tan bien huele la naranja?
¿Me ayudarías a construir un castillo de arena?
¿Me escuchas Tadzio? ¿Me escuchas?
Mira y sonríe por pura cortesía,
llena mi arte sin percatarse,
camina a la playa Tadzio, te observo.
Juega conmigo ya que lo merezco por obvio,
sonrió como orate, traspiro su nombre, escucho estruendos.
Y ahora suena como un igual, vivo entre el paso y el presente,
recuerdo las melodías de viejos amores,
nada suena mas melancólico e inalcanzable,
nada como nuestro fantasioso idilio.
No sonrías de ese modo,
no sonrías de ese modo a nadie,
que encelas a mi arte,
ya no puedo dejar... le amo.
Ya lejos el, no le pago mal a nadie,
ya en paz de mis búsquedas,
de mis contenidos ataques por abrazar su espalda,
se marcha lejos y como no fue mio como yo fui de el, no vuelve,
al fin, no vuelve.
Márchate de Venecia Tadzio,
ella se marchita conmigo,
el hombre y el artista son uno,
ambos tocaron fondo.
Mire a lo lejos moribundo,
ya en otros brazos, jugueteando con su cuerpo junto a otro,
como debe de ser, cerca de sus iguales,
solo entrando en el agua,
en el sol muriendo junto a la brisa,
como una figura religiosa,
la pose de algún inmaculado ángel.
¿Cuándo muero mirarías?...
Cuanto muero estirando mi brazo, para llegar a alcanzarle.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El social

No acaba