Indiferencia.

Recuerdo cuando escribía como loco, sobre el encanto de su piel desnuda, como en esos momentos perdía todo contacto con el tiempo y la realidad. Era la imagen de su hombro descubierto, una postal la cual deseaba escribir detrás de ella mientras me permitiera besar el borde de su existencia con el mundo. Así de insistente fue mi deseo, aun lo recuerdo, pero ya no lo siento.

Me harte del deseo, me fastidie de ese amor, la gente se angustia por no ser correspondida, se les olvida no tener el control del anhelo ajeno y esa necesidad de poder sofoca, matando todo romance, lo convierte en farsa o una comedia de mal gusto, grosera y vulgar.

Asi acaba todo anhelo, con la temida indiferencia, con no desear esconderse en el borde se su clavícula, que su caminar por el mundo se convierta en una noticia muda y sobre todo llamándole por su nombre a los conocidos, ya que no se guarda mas secreto, no es más un misterio.

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