Conversaciones indecorosas.
III.
- Ayer pensé en un viejo amigo, el cual conocí en la tragedia de mi juventud, antes me visitaba constantemente, siempre que ne deprimia, jamás fui lo suficiente valiente como para tomar su mano y entregarme a la fatalidad.
-...
- Lo sé, esa mezquina cobardía. La madurez llego a mi vida y aunque seguía visitándome, ahora en vez de invitarme a sus aposentos, solo se dedicaba a hacerme "crecer" o más bien... hacerle crecer.
-...
- La máscara, ella lo cambió todo, exactamente ayer pensábamos en eso, en como habíamos "cambiando", pero... todo fue mentira.
-...
- Sí, ¡todos mienten!, pero ella es la peor.
El regreso hoy y me habló como antes, de ese deseo de dormir entre rosas que siempre eh añorado, del silencio y el alejamiento, de la infinidad de reproches que jamás cambiaron y ahora más que nunca, le creo.
-...
- Exactamente, no cambié, ni evolucione, sigo cobarde sin poder entregarme a la fatalidad, al menos desde hoy en adelante me toca hacerlo en soledad, como siempre lo estuve haciendo.
-...
- Yo le amo en la decadencia y le odio en la fortuna.
-...
- Gracias, usted también cuídese.
Comentarios
Publicar un comentario