Conversaciones indecorosas.
IV.
- Le felicitó, al detener el pulso de quien siempre se jactó de ser grande. Desde mi nacimiento jamás imagine verme tan destrozado. Usted se ha ganado un lugar en el cielo o posiblemente en el infierno, seguro un lugar en la nada, pero en vida eso jamás importa, ahora en adelante se otorgará celebraciones a su nombre, banquete a sus actos y ceremonias a su gloria, el mundo le conocerá como quien derrumbó al obelisco, que siempre se jacto de estar en lo alto y ahora se cubre de lodo.
-...
- Le reconozco, el silencio la praxis simbólica de la prudencia.
- ...
- Lamentó abandonarle, me gustaría expresarle mi sentir, pero el nocturno ha tocado las puertas del cielo de mi mundo y la afectación visual, no es de ayuda ante la falta de luz... es demasiado lodo, del cual debo despojarme.
Agradezco a la dicha, nuestra muerte nos obligará a encontrarnos, en usted exprese todo lo que no dije y calle todo lo que termine contando, mi muerte le pertenece, adiós mi amor, es hora de vivir.
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